Por: Adriana Garavito / 13.11.2019

Brasil se prepara para mostrar sus cualidades como anfitrión de la Copa América, pero hay mucho que hacer fuera de los estadios. Una pequeña guía por aquellos lugares de Sao Paulo, Río de Janeiro, Belo Horizonte, Salvador y Porto Alegre, que son considerados un golazo.

¿Qué rasgos definen a un buen anfitrión? Que sea atento, por supuesto. Que note si te falta un trago, que te ofrezca unos bocaditos con sabores exóticos y los platos clásicos de casa; que acompañe todo con una banda sonora especial. Un anfitrión excelente te da siempre más de una opción y tiene como fin algo supuestamente sencillo: que la pases tan bien que luego quieras regresar.

Ese es el reto de Brasil, sede de la Copa América que arranca el próximo 14 de junio y va hasta el 7 julio. No es que el país no sepa cómo recibir a millones de turistas: lo hace todos los años gracias a sus paradisiacas playas y al Carnaval; fue anfitrión de la Copa Mundial de la FIFA en el 2014 y de los Juegos Olímpicos hace tan solo tres años. Experiencia tiene. Pero son otras las razones que lo hacen un destino aún más interesante.

El fútbol tendrá lugar en cinco ciudades y seis estadios. Sao Paulo (Morumbí y Corinthias), Río de Janeiro (Maracaná), Salvador (Arena Fonte Nova), Belo Horizonte (Mineirao) y Porto Alegre (Arena de Gremio). Brasil espera la llegada de miles de turistas decididos a aclimatarse con la fiebre del fútbol dentro y fuera de los estadios. Se estima que llegará un cincuenta por ciento más de extranjeros de lo normal en temporada alta. El año pasado los turistas internacionales sobrepasaron los 6 millones y medio, y naturalmente este año la cifra se superará con creces. En resumen: una locura.

Resulta útil entonces tener claro qué hacer luego de la pitada final de cada partido. ¿Por dónde caminar?, ¿qué visitar?, ¿qué comer? y ¿cómo sortear las multitudes en estas ciudades históricas, divertidas, artísticas y de lejos entrenadas para ser ese anfitrión que uno no olvida? El viaje deportivo se encuentra con uno de los destinos turísticos más clásicos y entrañables. Uno de los mais grandes do mundo.

Río de Janeiro

El destino más concurrido del país. Se dice que la brisa de Copacabana e Ipanema suena a samba y que el amor se encuentra más rápido; así como la comida al paso en los quioscos situados a lo largo de toda la orilla. Hay que pedir las tapiocas, especie de crepes hechas con harina de mandioca, o la feijoada, la fusión de dos culturas repletas de sabor: la africana y la portuguesa.

Más adentro, en la ciudad, se encuentra el edificio de la Escuela de Artes Visuales de Río y también Plage Café, más conocido como café du Lage. Y para no perder la sazón histórica, dos confiterías clásicas: Colombo, inaugurada en 1894, es la más concurrida; por su parte, la Casa Cavé es menos turística y el truco que la define es una pizca de canela y clavo de olor en la taza de café. Un dato curioso es que la mayoría de centros comerciales en Río tienen opciones gastronómicas bastante agradables y con vistas espectaculares, como es el caso del shopping Leblon, el Botafogo y el Lagoon, a orillas del Lagoa. Pero donde no hay pierde es en el barrio Lapa, visitado por músicos y artistas de todo tipo.

Obviamente, una visita al Cristo Redentor, en lo alto del cerro Corcovado, es una experiencia obligatoria si es la primera vez en Río, así como lo es el Pan de Azúcar a 396 m de altura, al borde del mar sobre la bahía. Por cierto, si Copacabana o Ipanema están demasiado llenos, las playas Prainha y Arpoador son otros tesoros no tan promocionados.

Sao Paulo

Es la ciudad más poblada de América Latina, y los rascacielos y las nubes no dejan ver siempre el sol. En esta megalópolis no hay playas y los locales andan más preocupados, pero Sao Paulo es más entretenida de lo que uno cree. Para empezar, es una de las principales ciudades gastronómicas del mundo. Por ejemplo, una visita al Viejo Centro pasando por el Centro Cultural Banco do Brasil es excusa para probar unos pastelitos portugueses en la reconocida Casa Matilde; más tarde, está bueno buscar buenas ofertas en la calle José Paulino en Bom Retiro, donde las prendas se venden a mitad de precio, pero el paseo no está completo sin pedir  un pastel de feira, una empanada que se fríe en vivo y en directo en todos los quioscos al paso.

Al otro lado del espectro de las experiencias culinarias está D.O.M., probablemente el restaurante más aclamado de la ciudad. Con una carta confeccionada a partir de ingredientes locales y amazónicos, la propuesta del chef Alex Atala es considerada una de las mejores del mundo (es el número 5 en la lista 50’s Best de Latinoamérica). También está Maní, en el exclusivo Jardim Paulistano, con la fusión brasileño-europea de la premiada chef Helena Rizzo. Además de la gastronomía está el arte. De hecho, la Bienal de Sao Paulo es la segunda más antigua, solo después de la Bienal de Venecia. Su Museu de Arte, el street art y cultura underground de la famosa Galería Choque Cultural, el arte urbano del Beco do Batman y el vanguardismo del Instituto Cultural Tomie Ohtake no pueden perderse.

Belo Horizonte

Se podría empezar por la Praça da Liberdade, en pleno corazón de la ciudad, justo al final de la avenida João Pinheiro y rodeada por construcciones emblemáticas, como el Edificio Niemeyer. Luego, se debe pasar por el Circuito de Pampulha, una laguna artificial de 18 km de extensión, también creada por el Pritzker brasileño. Belo Horizonte es la ciudad de los bares. Y esto es literal: es la ciudad que tiene más bares por habitantes en el país. Solo es cuestión de caminar con ganas de una cerveza para encontrar uno con música en vivo. Para un domingo, el mercado central es el espacio ideal para degustar algunos platos típicos, y comprar suvenires y antigüedades.

Porto Alegre

Uno de los espacios más tradicionales es la Casa de la Cultura Mario Quintana que solía ser el Hotel Majestic, cuyo lustre se vivió entre los años veinte y los cincuenta. Es gigante: tiene 7 pisos con vista a la laguna Guaiba, y tiene el nombre de uno de los principales poetas brasileños, que residió en el antiguo hotel durante más de una década. La capital del estado Río Grande do Sul es reconocida por sus viñedos y sus áreas verdes, y se dice que es la ciudad más europea de Brasil. El barrio bohemio es Ciudad Baja y en él, el parque Redención es el más visitado. Vale la pena andar por la calle Gonzalo de Carvahlo, la más verde de todas.

Salvador de Bahía

Está ubicada al noreste del país y es una ciudad mítica, que vio nacer a iconos, como Astrud Gilberto (y salvando las distancias y las cuatro décadas, a la modelo Adriana Lima). Lo más lindo de Salvador es que cuenta con 50 km de costa y en cada una de sus playas se puede disfrutar de jugos refrescantes de frutas locales; abundan también el buen pescado y los mariscos.

Uno de sus mayores atractivos es el barrio Pelourinho que les da a los turistas un vistazo al antiguo Brasil, con sus calles empedradas, sus edificios pintorescos y las más de 350 iglesias, muchas de ellas talladas con el estilo barroco portugués, entre estas las más importantes son la Iglesia do Nosso Senhor do Bonfim y el Convento de San Francisco. Durante la noche, cómo no pasar por el bar O Cravinho, que recibe el nombre en un honor al trago más pedido hecho con cachaza, clavo de olor, miel y limón. El ambiente es acogedor, la buena música suena y la noche parece nunca acabar en este bar, en Salvador y en Brasil.

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