Por: Vania Dale / 03.06.2019
En poco más de un año, la española se ha convertido en un fenómeno de talla mundial. Ha roto varios récords de ventas y se ha ganado el respeto y la admiración de artistas como Pharrell, Pedro Almodóvar y Alicia Keys con un flamenco que enciende devociones y polémicas.

Se ha llevado todas las flores. En Coachella, en Lollapalooza, en los premios Goya, en los Latin Grammys; vaya adonde vaya, Rosalía siempre se las lleva todas. Salvo en el mundo de los gitanos. Ahí es imposible hablar de ella sin emplear la palabra “polémica”. Si bien no sería justo limitar las discusiones al ámbito de la apropiación cultural (el crimen de matices posmodernos del que se la acusa), es importante ponerlo una vez más sobre la mesa. Y es que resulta que el hecho de que esta cantante, quien ha llevado mundialmente el “flamenco” a los escenarios más prestigiosos de la actualidad, no sea andaluza es un factor que enfurece a más de uno.
Lo cierto es que Rosalía Vila Tobella nació en San Esteban de Sasroviras, un pequeño municipio de Barcelona, en 1993; pero la fascinación ocurrió cuando aún era púber. Después de clases, los amigos del colegio, con quienes tenía la costumbre de reunirse en un parque a escuchar música, le presentaron las canciones de Camarón de la Isla, ese cantaor que es héroe popular y que, por coincidencia, murió en Barcelona; él se convertiría en una de sus más grandes influencias y en su puerta de entrada al flamenco. “Me obsesioné con el flamenco y esa es mi base”, admite Rosalía. “Pero siempre trato de aproximarme y entender otro tipo de músicas y culturas. Crecí con Tupac Shakur, pero también amaba a Wagner y a Chopin”, cuenta.

Después de haber cantado en todo tipo de locales desde los 13 años, de un paso poco memorable por el programa de talentos Tú sí que vales a los 15, y de haber sido operada de las cuerdas vocales a los 17 (por el esfuerzo al que las sometía al cantar), Rosalía se decantó por lo académico. Sus clases con el profesor de interpretación flamenca Chiqui de la Línea, quien acepta a solo un alumno por año, definitivamente le resultaron fructíferas: el mundo está gozando actualmente de los resultados, aunque otros puristas critiquen que este sea justamente aprendido, un disfraz artístico o, aún peor, un mero producto de comercialización.

La voz de la polémica
Tras el lanzamiento de su primer disco, Los Ángeles (2016), el panorama musical reconoció en Rosalía a un diamante en bruto. Sin embargo, sería su asociación con El Guincho la clave de su éxito: teniéndolo a él de productor, lanzó El mal querer (2018), un álbum que coqueteaba más con la música urbana y que se anunciaba ya desde la colaboración con su exnovio C Tangana para el tema “Antes de morirme”. Es ese camino —y no el de las interpretaciones minimalistas junto a algún guitarrista de flamenco— el que, la ha llevado a la internacionalización; con la ayuda, de la estética infalible que le ha aportado una productora como CANADA (que ha trabajado antes con Beck y Bomba Estéreo).

La cantante se vale de las particularidades fonéticas de la variedad andaluza a la hora de cantar, pero nunca ha vivido siquiera en Andalucía y, además, cuando habla, no lo hace con ese dejo característico. ¿Por qué una voz impostada puede acarrear tanto significado? Quizá porque se puede sentir como algo falso. Y así lo expresó Noelia Cortez, una activista gitana que levantó la polémica. “Ser gitana no es una estética. Si lo que cantas lo cantase una gitana, no lo llevaría la misma gente en el móvil”, asegura.

El debate despertado por acusaciones de apropiación cultural no es nuevo: algo así sucede con la cultura afroestadounidense ahora mismo entre los músicos y las celebridades de Estados Unidos. Si no, recordar a Iggy Azaleia, Miley Cyrus y Katty Perry, por nombrar a algunas de los acusadas de incurrir en esta práctica. “Tú con tu ropa cara, y tus uñas y tus cosas consigues una estética falsa que se relaciona con lo gitano, pero quita el factor racial y sus consecuencias”, expresó sobre Rosalía una fulminante Cortez a través de Twitter.

“Yo me he criado entre hijos de inmigrantes andaluces. Uno no es solo aquello que le viene dado, también aquello que elige ser”, ha respondido la cantante, defendiéndose; pero su mejor defensa siempre estará en el escenario, pues es desde ahí que Rosalía se explica mejor. Sucedió en los últimos premios Goya, donde le bastó empezar la primera estrofa de “Me quedo contigo”, el éxito que consagró a Los Chunguitos gracias a la película Deprisa, deprisa, representante del llamado “cine quinqui” español de los ochenta. “Las primeras estrofas descolocaron a muchos, y tocaron una tecla inesperada en otros”, describió el periodista Carlos Primo en el diario El País. La interpretación de Rosalía en los Goya lleva casi 13 millones de vistas en YouTube desde febrero de este año. Los autores del tema, los mismísimos Chunguitos, ya han dicho que quieren hacer una nueva versión de su propia canción, esta vez con Rosalía.

Flamenco de la calle
Confiesa estar “muy conectada con la música urbana”, lo cual se evidencia en su más reciente colaboración con J Balvin: el single “Con altura”. “Me gusta buscar mucho en internet y guardarme carpetitas con samples. Encontré un sample dominicano de un programa de televisión que decía ‘Con altura’, y pensé wow, este es un leitmotiv muy fuerte”, explica. El reciclaje musical, la curación como un acto de creación, es algo a lo que a Rosalía se le da muy bien.

No se puede negar que es una artista de la reinterpretación. Y, si es lo suficientemente inteligente y está lo bien asesorada como parece, sabrá perfumar el tufillo a privilegio que su música y su figura emanan para muchos. Es esperable que gentes de otros lados se crean que el flamenco es Rosalía, aunque ella no lo diga expresamente. La cantante encarna esa fascinación con que el más occidental aprecia lo que considera “exótico”. Tal vez Gigi Hadid, presente en uno de los últimos conciertos de la artista (la vio en Coachella y repitió el plato en su más reciente show en Nueva York), no sepa quién es Camarón ni mucho menos quiénes son Los Chunguitos, pero sin duda sabe quién es Rosalía. Si eso constituye un mérito o un demérito, júzguelo usted mismo.

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