Durante más de dieciséis años ha acompañado con su cámara a artistas, cocineros y personajes que hoy forman parte de la memoria cultural del Perú. Pero detrás de cada fotografía, Giancarlo 'Chicho' Aponte ha construido algo mucho más profundo: una forma de mirar donde la empatía pesa más que la técnica y cada historia merece ser escuchada.
Hay personas que hacen fotografías. Otras hacen documentales. Chicho Aponte hace algo distinto: construye memoria. Durante más de dieciséis años ha acompañado a Susana Baca con su cámara, años después empezó a documentar el viaje de la gastronomía peruana, que vive en constante movimiento y ha impulsado proyectos como Volver y Como en Casa, donde la memoria encuentra nuevas formas de contarse. Sin embargo, cuando habla de su trayectoria, casi nunca empieza por los logros.
Empieza por las personas.
Quizá por eso resulte tan difícil definirlo únicamente como fotógrafo o videasta. Para Chicho, la cámara nunca ha sido el punto de partida. Apenas es una herramienta.
'Yo aprendí a mirar sin la cámara', dice con la naturalidad de quien no intenta construir una frase memorable. Pero lo consigue.
Mucho antes de fotografiar escenarios o artistas, ya observaba las casonas antiguas de Barrios Altos. Le fascinaban las fachadas desgastadas, los balcones de madera y las ventanas abiertas que dejaban entrever fragmentos de otras vidas. Se preguntaba quiénes habían vivido allí, qué historias guardaban esos muros y cómo un lugar podía conservar tantas memorias al mismo tiempo. Sin saberlo, aquella curiosidad infantil terminó convirtiéndose en la manera en que hoy entiende su oficio: mirar primero, fotografiar después.
El azar también sabe encontrar personas
La historia que lo unió a Susana Baca comenzó como empiezan muchas de las cosas importantes en la vida: sin que nadie imaginara lo que vendría después.
Chicho apenas comenzaba a abrirse camino cuando recibió la invitación para fotografiar uno de sus conciertos. Dudó unos minutos antes de aceptar. No sabía que aquella decisión cambiaría el rumbo de su carrera.
Al finalizar la presentación, se acercó a Susana para entregarle una tarjeta y prometerle que le enviaría las fotografías. Al día siguiente sonó el teléfono. Dos días después estaba sentado en su casa, donde lo esperaban Susana y Ricardo con un pasaje para viajar a Ecuador y documentar la grabación de un disco. Nunca más dejaron de estar juntos. Lo que comenzó como un encargo profesional terminó convirtiéndose en una relación familiar de más de dieciséis años.
Desde entonces, la ha acompañado por escenarios, giras y grabaciones, registrando no solo su carrera, sino también algunos de los momentos más importantes de su vida pública. Pero la enseñanza más valiosa no llegó a través de la música. Llegó a través de la memoria. 'Susana nunca me enseñó fotografía', recuerda. 'Me enseñó a escuchar.'
Aquella forma de entender la memoria terminó impregnando todo su trabajo. Las fotografías dejaron de ser simples registros para convertirse en pequeñas cápsulas de tiempo. Imágenes capaces de acompañar a alguien muchos años después y devolverle no solo un momento, sino una emoción.
De esa reflexión nacieron proyectos profundamente personales como Volver, una plataforma digital que invita a detenerse en medio del ritmo cotidiano para mirar hacia adentro.
Todo comienza con una sola pregunta: Si pudieras volver a un momento de tu vida, ¿cuál sería? No busca respuestas perfectas. Busca aquello que todavía nos emociona cuando cerramos los ojos.
Contar historias, no venderlas
Antes de dedicarse por completo al documental y a los proyectos personales, Chicho trabajó durante un tiempo en publicidad. Aprendió sobre narrativa, dirección de arte y producción audiovisual. Pero con el tiempo descubrió que aquello que realmente lo movía no era vender un producto, sino comprender a las personas que había detrás de cada historia.
Ese cambio de mirada terminó marcando todos sus proyectos posteriores. La gastronomía dejó de ser únicamente comida. Un restaurante dejó de ser un espacio.
Cada plato comenzó a hablar de una familia, de una receta heredada, de una infancia compartida alrededor de una mesa.
Esa misma sensibilidad dio origen a Como en Casa, un proyecto co-creado con el chef José del Castillo, donde la cocina se convierte en un vehículo para hablar de identidad, afecto y memoria. Porque, para Chicho, comer nunca ha sido solamente alimentarse. También es recordar.
La empatía como método
Aunque suele hablar de fotografía, en realidad casi siempre termina hablando de empatía. Durante la pandemia, cuando muchos restaurantes luchaban por mantenerse abiertos, decidió registrar sus historias sin cobrarles. No pensaba en el trabajo que podría llegar después. Pensaba en el momento que estaban atravesando.
Esa forma de relacionarse con los demás atraviesa toda su vida. Puede detenerse a conversar con un cocinero, con un artesano o con la persona que limpia un parabrisas en un semáforo con exactamente la misma atención. No responde a una pose. Responde a una convicción: todas las personas tienen una historia que merece ser escuchada.
Quizá por eso, antes de sacar la cámara, siempre intenta crear un espacio donde quien tiene delante deje de sentirse observado y empiece, simplemente, a ser. Ahí aparecen las mejores imágenes.
Conmoverse
Cuando se le pregunta qué le gustaría que permaneciera de él dentro de veinte años, Chicho no habla de premios, exposiciones ni reconocimientos. Hace una pausa y responde con la misma sencillez con la que ha construido toda su carrera. 'Si hay algo que quisiera que recuerden de mí, es que nunca perdamos la capacidad de conmovernos.'
Conmoverse por el ascenso de un amigo. Por el viaje soñado de alguien cercano. Por tenderle la mano a quien lo necesita. O, simplemente, por detenerse a mirar un atardecer. Para él, esa capacidad de emocionarse es la que mantiene viva nuestra humanidad. 'El día que dejemos de emocionarnos, ese día empezaremos a morir.'
Tal vez esa sea la verdadera razón por la que sus imágenes permanecen. Porque antes de fotografiar un rostro, aprendió a reconocer a la persona que había detrás.
Y porque, en un tiempo que nos empuja constantemente hacia adelante, Chicho Aponte sigue recordándonos que las historias más importantes rara vez están lejos. Mirar alrededor, en el fondo, no es solo un ejercicio de observación; es una forma de permanecer sensibles frente al mundo. Quizá por eso aprendió a mirar antes de aprender a fotografiar. Porque una cámara puede registrar un instante. Pero solo una mirada atenta es capaz de convertirlo en memoria.














