Por: Rebeca Vaisman / 06.05.2026

Entre el mar y la montaña, los pueblos cantábricos conforman un pequeño territorio en el norte de España que tiene naturaleza, historia, gastronomía y cultura.





Cantabria es una de las comunidades más pequeñas de España, pero su emplazamiento es privilegiado, pues se encuentra al pie del Mar Cantábrico y sube hasta las montañas de la reserva nacional Picos de Europa. Solo en ese pequeño territorio se encuentran siete de los llamados 100 Pueblos Más Bonitos de España. Eso, y su oferta cultural y gastronómica explican que el turismo en Cantabria haya cerrado un 2024 en subida, con cifras que dinamizan la economía local, pero no llegan a los niveles de masificación que son motivo de discusión en otras localidades españolas, como Barcelona, Baleares o San Sebastián.



Su capital, Santander, es hogar del Centro Botín de arte en un edificio diseñado por el Pritzker Renzo Piano que se extiende, famosamente, sobre el mar, y pronto lo será de una nueva sede del Museo Reina Sofía. A la par, está renovando su Museo de Prehistoria y Arqueología, y la antigua sede del Banco Santander, en el histórico edificio Pereda, para transformarla en un centro cultural.





La costa de Santander tiene playas que, incluso en temporada alta de verano (julio y agosto) no están tan masificadas. La Magdalena es una de ellas, con 900 metros de arena dorada, al resguardo del viento y frente a dos islotes; El Sardinero es la playa de los famosos “baños de ola” que tomaba la nobleza. Tiene un acceso peatonal (decenas de peldaños, pero ahí está la gracia) y un ascensor habilitado.


Famosa por la cueva de Altamira, Cantabria tiene diez cuevas de arte rupestre que son Patrimonio de la Humanidad. Las visitables son Chufín, Hornos de la Peña, El Castillo, Cueva de las Monedas, ElPendo, Covalanas y El Soplao. Ojo: para preservar la conservación de Altamira, no está permitida su visita, pero se puede acceder a una réplica situada a pocos metros de la original.





A menos de una hora en auto desde Santander, en Comillas, se puede visitar una de las casas más tempranas y pintorescas de Gaudí, El Capricho, otro de los atractivos más buscados de la región. No solo eso: el pueblo tiene otros edificios modernistas que lo hacen lugar de peregrinaje para amantes de la arquitectura.



Destacan sus productos de mar, como sus anchoas. Además, las carnes y embutidos provienen del ganado vacuno autóctono.





Pasado medieval y paisajes de ensueño conviven en los pueblos cantábricos. Resaltan Mogroviejo, con su torre y su conjunto de casonas de los siglos XVII y XVIII —algunas son alojamientos de turismo rural—; Potes y sus cinco puentes de piedra; Liérganes, pueblo de leyendas con un centro histórico de notable belleza. Y si de conjuntos monumentales y artísticos se trata, sin duda la encantadora Santillana del Mar merece una visita larga y calma.



Nadie puede irse de Cantabria sin probar el cocido lebaniego o los frutos del mar frescos. Hay experiencias gastronómicas a medida, como la ofrecida por La Lleldiría, una quesería artesanal en una cabaña de piedra en medio de los Valles Pasiegos que explica todo el proceso y deleita con una degustación rociada de vino. 





Alojarse en un palacio. Los Paradores de España son una red de hospedajes que ofrece un servicio turístico, a la par que mantiene edificios patrimoniales. En Cantabria, cuenta con el Parador de Limpias en lo que fue el Palacio de Eguilior, la residencia de verano del rey Alfonso XIII.

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