La sutilza no es un tipo de tratamiento: es una mirada médica. Hoy, pensar primero en armonpia, proporciones y equilibrio constituye la basae del éxito en la medicina estética conotemporánea, un compromiso que ya no debría ser negociable.
Las redes sociales han dado lugar a la proliferación de supuestos “expertos” sin certificación real, que comenzaron a viralizar y promover tratamientos, técnicas e incluso rasgos faciales convertidos en mo-das pasajeras. Ejemplos son los fox eyes, el lip flip con neuromoduladores, los russian lips o las bichectomías, procedimiento que busca afinar el rostro mediante la extracción de las bolas de Bichat. Algunas de estas tendencias resultaron simplemente inútiles, con un innecesario gasto de tiempo y dinero; otras, en cambio, demostraron ser contraproducentes a mediano y largo plazo para el paciente.
Felizmente, estamos siendo testigos de un cambio de rumbo: el rechazo a los resultados exagerados y la apuesta por intervenciones mínimas, personalizadas y estratégicas. La búsqueda se orientó hacia lo sutil, hacia aquello que mejora sin hacerse evidente. Van quedando atrás los protocolos de full face y la apariencia conocida como overfiller o pillow face, una señal visible de la falta de criterio y del uso indiscriminado de rellenos. La mejor estética contemporánea ya no busca transformar, sino acompañar el proceso de envejecimiento con mayor conciencia, alejándose de los excesos y de las facciones estandarizadas. Desde una mirada médica, la belleza va mucho más allá de una forma o una proporción: es también un lenguaje emocional. A partir de esta lectura, defino qué tratamiento es el más adecuado para cada paciente, considerando lo que su rostro transmite al ingresar a la consulta. En algunos casos, ojeras muy marcadas pueden expresar cansancio crónico; una tensión excesiva en el entrecejo puede comunicar enfado; el rictus negativo puede reflejar tristeza o desgaste emocional. Esta comprensión integral constituye la base del nuevo enfoque de la medicina estética contemporánea: intervenir con criterio, sensibilidad estética y profundo respeto por la anatomía y la identidad de cada rostro.
Por Ariel Domeniconi, director médico en Dott Studio, Madrid
