Después de recorrer festivales internacionales, la ópera prima de la directora peruana Carolina Perelman llega a Lima el viernes 6 de noviembre, con una función en el Cine del MALI. Una película que explora el deseo, las relaciones y aquello que nos atrevemos a revelar cuando cae la noche
Hay conversaciones que difícilmente tendríamos a plena luz del día. Suceden entre amigos, frente a una copa o con alguien a quien acabamos de conocer y probablemente nunca volvamos a ver. La noche tiene esa particular capacidad de convertir un encuentro casual en un momento de inesperada intimidad.
Ese universo es el punto de partida de Confesiones Chin Chin, el primer largometraje de la directora y dramaturga peruana Carolina Perelman, que se presentará en Lima el próximo 6 de noviembre en el Cine del MALI, después de su paso por festivales como Slamdance, LesGaiCineMad y Torino Underground.
Lo que decimos y lo que preferimos callar
La película transcurre durante una noche en un bar de Madrid. Entre conversaciones, encuentros y confesiones, un grupo de artistas comparte historias sobre el deseo, la sexualidad, el dinero, las relaciones y las contradicciones de la vida cotidiana.
Pero Confesiones Chin Chin no responde del todo a las convenciones de la ficción ni del documental. Perelman construye una docuficción en la que los personajes se nutren tanto de las experiencias reales de sus intérpretes como de confesiones anónimas recopiladas durante años.
“Durante mucho tiempo fui recopilando confesiones anónimas que distintas personas me habían hecho sobre sexo, matrimonio, ser gay, salir del clóset o ser infiel”, cuenta la directora, quien también dedicó meses a conversar y trabajar con los actores antes del rodaje.
El resultado es una película que juega con los límites entre interpretación y testimonio, dejando abierta una pregunta: ¿cuánto de lo que contamos sobre nosotros mismos pertenece a la realidad y cuánto a la versión que elegimos mostrar?
Una noche al ritmo del jazz.
Para Perelman, esta elección tiene que ver con la propia naturaleza de nuestros pensamientos: aquello que queremos decir, lo que nos avergüenza y las palabras que terminan escapándose sin haberlas planeado.
La película incluye además dos canciones de Jim the Kid, banda liderada por el músico Víctor Kamhazi y establecida en Chicago.
Entre las referencias cinematográficas de la directora aparecen Portrait of Jason (1967) y The Connection (1961), ambas de Shirley Clarke, cineasta estadounidense que también exploró las fronteras entre documental, ficción y representación.
La música también forma parte de esta exploración. Con una banda sonora original compuesta por Pedro Fraguela, el jazz acompaña los encuentros y las conversaciones, marcando el ritmo cambiante de una noche en la que nada parece estar completamente previsto.
El arte de escuchar al otro
Más allá de las confesiones, la película plantea una reflexión sobre nuestra disposición a escuchar experiencias distintas de las propias.
“Me interesa que podamos acercarnos a las experiencias de otras personas sin juzgarlas inmediatamente. No necesitamos estar de acuerdo en todo para escucharnos”, señala Perelman.
Una idea que adquiere especial sentido en una historia donde las diferencias, los prejuicios y las contradicciones aparecen en medio de conversaciones aparentemente cotidianas.
Una mirada peruana desde Madrid
Radicada en el circuito creativo internacional, Carolina Perelman ha desarrollado proyectos de cine y artes escénicas en Perú, España, Panamá, Venezuela y Estados Unidos.
En 2019 cofundó Producciones NAU junto a Samuel Rotter, una productora dedicada al desarrollo de proyectos audiovisuales y escénicos. Su trayectoria incluye la dirección y coescritura de Un recuerdo después del Holocausto, una obra teatral inspirada en hechos reales, y la reciente ópera Antes de Ser, presentada en España en julio de 2026.
Con Confesiones Chin Chin, Perelman traslada su interés por las historias humanas a un lenguaje cinematográfico que combina actuación, improvisación y experiencias personales.
Una invitación a observar lo que sucede cuando dejamos de lado las certezas y nos permitimos escuchar.







