El arquitecto e interiorista y su pareja, el artista plástico Juan Carlos Ortiz, hacen de su casa un refugio para disfrutar de reuniones sociales pequeñas, acogedoras y sin prisa.
Para la pareja, abrir las puertas de casa a su círculo más íntimo es una forma de celebrar la amistad.
Para Gianfranco Loli, el interiorismo nace del detalle. Arquitecto de formación, encontró en el diseño de interiores la posibilidad de trabajar con aquello que más le apasiona: los materiales, las texturas, los objetos y, sobre todo, las historias que estos son capaces de contar. Su casa en el malecón de Chorrillos, que comparte con el artista plástico Juan Carlos Ortiz, es un manifiesto de esta manera tan suya de entender el interiorismo y es también el escenario donde esa colección de objetos y recuerdos cobra vida: alrededor de una mesa, entre copas, buena comida y largas conversaciones con sus amigos más cercanos.
Después de año y medio trabajando este espacio personal, Loli ha logrado una atmósfera en la que sus invitados puedan sentirse cómodos, relajados y, sobre todo, como en casa.
LA INTENCIÓN
Para el arquitecto e interiorista, recibir en casa responde a una intención clara de retribuir y engreír a sus amigos al finalizar la semana. “Todos trabajamos en lo mismo, entonces juntarnos a conversar de temas en común es como una catarsis”, explica.
Por ello, resulta esencial que el mood, lejos de ser muy formal o sofisticado, tenga una cuota de intimidad y cercanía necesaria para que todos se relajen y disfruten el momento.
EL AMBIENTE
Gianfranco decora con hojas y follaje: le gusta su volumen, la manera en que llenan los espacios y, sobre todo, su duración. La iluminación ocupa también un lugar importante en sus ambientes y prefiere la luz cálida y sutil de las lámparas que complementa con dicroicos bañadores de pared para enfatizar su estupenda colección de arte, artesanía y velas. Un elemento fundamental, invisible pero esencial, es el incienso, que nunca falta y termina de completar la experiencia sensorial de su espacio.
LA COMIDA
Para esta ocasión, el interiorista acompañó los dips preparados en casa con hojas de parra, crudités y paté, servidos en piezas de cerámica amazónica awajún y tablas de madera que aportaron textura y carácter a la mesa. Para beber, dispuso una selección variada de licores, vino y cerveza, pensada para complacer los distintos gustos de sus invitados.






