Ondine Schvartzman entiende la arquitectura como la habilidad de crear espacios que sugieren, evocan y dejan una huella más allá de lo visible.
“El hogar es nuestro refugio del mundo exterior. Entonces, debe transmitir calma y evocar, de manera inconsciente, los momentos y lugares donde fuimos más felices”, explica la arquitecta e interiorista Ondine Schvartzman. Ese es el punto de partida de su trabajo: descubrir con el cliente qué le gusta o lo inspira para construir el hilo conceptual de cada proyecto arquitectónico. “Me interesa crear un hábitat a la medida emocional de cada persona”, asegura.
Por ejemplo, en un proyecto para un geólogo minero, elaboró la isla de la cocina a partir de una piedra gigantesca extraída de una cantera: una parte se pulió para objetivos funcionales y la otra quedó cruda, tosca, como un elemento escultural que conecta con la pasión del habitante de esa casa. La mirada personalizada no siempre es literal: en una casa en Los Cóndores, en la que está trabajando, su diseño dialoga con la volumetría de la residencia y la conexión que los propietarios tienen con la naturaleza. En ese sentido, sus decisiones tienen que ver con una manera respetuosa de posarse y habitar el espacio. Diseñar, para ella, también es interpretar. Tiene proyectos en Cabo San Lucas, Puerto Rico, Miami, Madrid, Acapulco y, por supuesto, Lima. En todos combina la artesanía de un trazado original hecho a mano por ella misma con tecnología de punta que le permite proyectar los diseños renderizados más realistas: “Me gusta crear estos espacios con el cliente y no para el cliente. Mi trabajo es convertir en buen diseño los anhelos de la gente”.
dirección de arte y styling: Lisseli Santos
producción: Alexa Carcausto
asistente de producción: Paula Virreira
hair & make-up: Olga Soncco
asistente de fotografía: Andrés Vidal

