La creadora de la marca Pitusa encontró su primera fuente de inspiración en el Perú. Gracias a su visión y a una estética que celebra la vida a través de la silueta y el color, la empresaria supo transformar una idea sencilla en una marca global.
Con solo 23 años, Clara tuvo el ímpetu y la energía necesarios para poner en práctica un proyecto personal y convertirlo en una firma que ya alcanza notable presencia internacional. En sus redes sociales, la fundadora y directora ejecutiva de Pitusa describe el proceso como “solitario y largo, no tan glamuroso como parece”. De ascendencia española e inglesa, Clara nació y creció en Londres, y luego se mudó a Miami. Desde muy joven mostró inclinación por la moda y la creatividad. “Mis dos abuelas tejían. Ambas tenían superbuen gusto y eso me inspiró mucho sin saberlo”, cuenta. Quizá por eso, luego de concluir una carrera universitaria en Relaciones Internacionales, se dio cuenta de que necesitaba llevar su vocación en otra dirección. “Siempre quise tener mi propio negocio, y me pareció que la moda era algo que podía hacer”, afirma. Fue entonces que hizo sus maletas y viajó al Perú, donde su padre tenía algunos contactos. “Me quedé enamorada del país: sus colores, las telas incaicas... A partir de ahí, empecé a desarrollar la identidad de mi marca”. Hoy, las prendas de Pitusa han encontrado un lugar en tiendas como Bloomingdale’s, Saks Fifth Avenue, Shopbop, Revolve o El Corte Inglés, además de boutiques especializadas, y la marca cuenta con locales propios en ciudades como Miami (en el barrio de Wynwood), Mykonos en Grecia, Tulum en México e Ibiza en España.
Enfoque auténtico y ético
Clara comenzó con cerca de cinco mil dólares y una idea específica: ofrecer ropa producida éticamente que fuera cómoda, alegre y capaz de transmitir bienestar y relax. Desde su departamento enBrickell, Miami, conceptualizaba las prendas, producía sesiones de fotos, se encargaba del almacenaje e inventario, y trabajaba noche y día, sin socios ni inversionistas, pero con mucho apoyo de sus seres queridos. En apenas cuatro años, ya había logrado despegar, y las existencias de Pitusa se mudaron a un almacén de más de 900 metros cuadrados en Wynwood. A sus 30 años, ya generaba ingresos de siete dígitos. Gracias al primer acercamiento de Clara Lago con el Perú, todas las colecciones de la marca están inspiradas en viajes y culturas diversas, y utilizan materiales sofisticados de altísima calidad, como el algodón pyma peruano y gasas ligeras de la India. Más aún, detrás de su estética refrescante y playera, Clara ha querido imprimir un enfoque sostenible en la producción de sus piezas. Por eso, Pitusa trabaja con talleres dirigidos y operados por mujeres en el Perú y la India que, además, promueven prácticas responsables y condiciones de trabajo justas. Lo que comenzó como una pequeña operación desde un apartamento, con empeño y mucha alma puesta en ello, se convirtió en un verdadero boom. Basta con mencionar que los vestidos, caftanes y otras piezas de Pitusa han sido fotografiados en estrellas como Sofía Vergara, Serena Williams y Shakira.
Comunidad y voz propia
Gracias a la visibilidad que ha logrado a través de su marca, la influencia de Clara se ha expandido en otros ámbitos. En redes sociales, la emprendedora y mamá de tres comparte contenido que combina humor, estilo de vida y vivencias personales. Además, ha incursionado en formatos como el pódcast After Hours with Pitusa Mama, en el que aborda temas variados; y recientemente inauguró The Baby Club, un centro de estimulación temprana en Key Biscayne, Florida, donde reside con su familia. La versatilidad y el crecimiento de Clara dejan entrever que es posible construir una marca poderosa desde la autenticidad, la alegría y el compromiso por un enfoque más humano. Su éxito solo es la corroboración de que es una emprendedora que desde siempre eligió hacer las cosas a su manera y lo hizo bien.
Por Jimena Salas

