Por: Lucero Ascarza / 26.09.2018
En un mundo aún obsesionado con los laciados y la keratina, mantener un natural cabello rizado es casi una señal de rebeldía. Susy San Román, influencer de belleza natural y rebelde con una causa, nos cuenta cómo descubrió que, pese a lo que nos han dicho desde pequeñas, los rulos sí son perfectos.

 

El pelo es un tema serio. Y no, no es banalidad. El pelo es también expresión de cultura e identidad, una genial forma de celebrarlas, de llevarlas con orgullo. Y sin embargo, incluso este aspecto en apariencia tan irrelevante es atravesado por los estereotipos y preceptos de la sociedad. Pero la sensibilidad está cambiando. Se entiende el porqué de polémicas como la que se generó luego de que la periodista de E! Entertainment Giuliana Rancic se burlara de los dreadlocks que la cantante Zendaya eligió llevar en la ceremonia de los Premios Oscar del 2015. O de aquella que surgió recientemente a partir del video que la youtuber Katy Esquivel (más conocida como WhatTheChic) compartió en sus redes, y que motivó respuestas como la de Natalia Barrera, de Una chica afroperuana, plataforma que discute sobre las distintas formas de racismo, incluidas aquellas en las que no reparamos tan fácilmente.

De todos, probablemente el pelo rizado sea el más incomprendido. En sociedades como la nuestra se le relaciona con desorden, con falta de higiene. Increíblemente, en algunos trabajos se recomienda “estar peinada”, es decir, estar lacia. Y por eso muchas mujeres se someten, desde muy jóvenes, a tratamientos para alisar su pelo, cambiar su forma original, y en el camino, dejar de apreciar la belleza en el coqueto rulo.

Ese fue el caso de Susy San Román, quien por 14 años alisó su cabello, habiéndolo rapado y teñido de todos los colores, hasta que un laciado extremo y una decoloración pusieron fin a esa etapa de su vida. Aquella vez, el tratamiento le provocó mareos y enrojeció su piel por varios días. Su sistema inmunológico pedía un descanso. La productora y hoy influencer de belleza natural sintió que no le quedaba más opción que “dejar a sus rulos ser”, algo con lo que nunca se había sentido cómoda. “Me daba roche. Cuando era más chica me decían que debía laciarme, porque el cabello ruloso era malo. Pensaba que el lacio se veía mucho mejor”, cuenta. Pero, una vez dispuesta a afrontar su verdadera imagen, empezó una cronología que dio nueva forma a su vida (no solo a su cabellera).

Paso 1

Dejó su pelo crecer.

Paso 2

Cuando le pareció que ya tenía el largo suficiente, cometió el error que toda mujer con ondas ha cometido alguna vez: comprar productos que dicen ser específcos para el “cabello rizado”. De supermercado o de salón, probó con todo lo que encontraba, gastando dinero que no tenía. Sin embargo, los rulos no asomaban, así que, meses después, decidió recurrir a Internet, en donde descubrió, por supuesto, un mar de información.

Paso 3

Después de indagar lo suficiente y discernir entre cientos de recomendaciones, llegó a una receta de tratamiento con aceite de oliva. Así que compró la versión extra virgen del producto y lo aplicó a su cabello. “No tenía nada que perder”, apunta Susy.

Después de dejarlo actuar por 14 horas, tal y como indicaba la receta, lo lavó con agua tibia. Cuando el cabello secó, el cambio era dramático: sus rulos habían vuelto. Ese fue el inicio de una larga recuperación. Aunque reconoce que fue un acto de impulsividad y no recomienda dejar el producto por tanto tiempo, sí ayuda a preparar el cabello un día antes de aplicar algun shampoo artesanal.

Paso 4

A partir de 2015, decidió documentar los cambios que iba experimentando su cabello en la web Rulos de acero, pensando en que quizá en algún momento su experiencia sería de ayuda para mujeres en la misma situación, porque, como recuerda, su proceso fue “bastante doloroso”, además de solitario.

Una de las reacciones que trajo el cambio fue la caspa. “Parecía que no me hubiera bañado en la vida”, dice Susy. En ese momento no lo sabía, pero estaba sufriendo del síndrome de abstinencia, al empezar a eliminar todos los químicos acumulados en el cuero cabelludo.

Paso 5

Una mascarilla de tomate, pepino y papaya fue la primera con la que su cabello empezó a reaccionar a los estímulos naturales. Fue un boom. Y en julio de 2016, cuando decidió cortarse el pelo chiquito, todo fue incluso mejor. Cada día, un rulo nuevo y más brillo.

Las investigaciones de Susy y su propia experiencia rompen con algunos mitos acerca de que el cabello rizado es difícil de manejar y que demanda de mucho tiempo y cuidados, pues, según lo que recomienda, secarse el cabello con un polo de algodón en lugar de una toalla, aplicar aceite de oliva en el pelo, usar shampoo sin sal y acondicionador que no requiera de enjuague son acciones que no implican nada del otro mundo ni demandan más de 15 minutos.

Como bien dice Susy San Román, se trata de una cuestión social más que de un problema real, pues “nadie nos ha educado a valorar el cabello rizado”. Y claro, si crecemos sin querer los rulos, ¿cómo pretendemos aprender a cuidarlos? A pesar de la desinformación y los prejuicios acerca del cabello rizado, cada vez más mujeres empiezan a redescubrir sus rulos para encontrar en ellos un aspecto clave de su belleza e identidad.

Susy dicta talleres y masterclasses sobre el cuidado natural del cabello y de la piel en su nuevo espacio de coaching en la Calle Bolívar, Miraflores. Las citas se pueden sacar en su fanpage Rulos de Acero o por teléfono, llamando al 987 424 978.

En el 2014, Susy llevaba el pelo decolorado y absolutamente lacio.
Esta imagen es del 2016, año en que sus rulos al fin se encontraban completamente libres de químicos.
Sus rulos este año, después de una serie de tratamientos naturales.

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