13.02.2026

Atrás quedaron las texturas de mimbre y el blanco total: esta es una nueva forma de vivir junto al mar que propone la arquitecta de interiores Naike Malachowski en esta casa en Cayma.





¿Por qué una casa de playa no puede estar salpicada de color? A través de materialidad y arte, la interiorista Naike Malachowski integró tonos vibrantes en el área social de esta residencia playera con un resultado encantador. La remodelación arquitectónica, a cargo de Valerie More, fue un perfecto lienzo en blanco: el techo volado sostenido por delgadas columnas encuadraba un volumen minimalista. “La intención fue aprovechar esta especie de ‘caja’ y retirar todo aquello que ensuciara la arquitectura”, explica Naike. A partir de esta premisa, se insertaron bloques de madera y otros materiales neutros, como bambú en el muro lateral y terrazo lavado en el piso. La mampara que dividía la sala de la terraza, a su vez, fue reemplazada por una celosía que funde interior y exterior con un toque de discreta textura. “Felizmente, tuvimos la suerte de tener un cuadro espectacular como punto de partida”, añade la arquitecta de interiores. Y es que la obra de Jorge Cabieses que poseían los propietarios permitió establecer una paleta de color llena de personalidad:  butacas en tonos guinda, sillas verdes en el comedor y una pared con atisbos turquesa en el salón se presentan como extensiones de la propia pintura. Y todo remata con la iluminación puntual y la necesaria incorporación de vegetación. Aprovechando el mobiliario existente, se replantearon los ambientes para enriquecer el diseño y reducir el ruido visual.





Así, por ejemplo, el televisor queda oculto tras las puertas corredizas de un nuevo mueble de repisas que disimula inteligente y oportunamente el aire acondicionado; en tanto, la mesa del comedor fue refrescada al cambiar el tablero de vidrio por uno de piedra sinterizada. Por otro lado, la puerta de la cocina se “camufla” con la pared al estar ambas recubiertas del mismo material. Y, para obtener la máxima funcionalidad, se han colocado una vinera y unas cajoneras ocultas que permiten optimizar el espacio con estética impecable. De la mano de sus clientes, Naike Malachowski pudo concebir una residencia de playa colorida que, pese a su vitalidad, no cae en la estridencia. Aquí, el diseño se sirve de cada detalle para cumplir su mayor objetivo: nutrir la arquitectura con estilo, sobriedad y energía renovadora.





La obra de Jorge Cabieses marcó la pauta cromática del proyecto, con una paleta donde guindas, verdes y turquesas conviven con el espacio.





Una celosía integra la terraza y el área social, suavizando el paso entre interior y exterior, y permitiendo que la luz y las texturas acompañen el espacio de forma natural.





La iluminación, puntual y bien medida, acentúa materiales y color, creando una atmósfera cálida sin restarle protagonismo a la arquitectura.






Por Jimena Salas


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