Por: Vania Dale / 04.02.2020

Con personalidad propia y un charm como de dandy contemporáneo, el británico –quien se presentará en el Jockey Club en octubre– ha empezado a mostrar una versión más madura de su talento desde que se apartó de One Direction. Acaba de cumplir 26 años y personifica la nueva imagen de la estrella pop. O del rockstar. No se sabe. Pero no hay por qué encasillarlo.



Me gusta decir que Harry Styles es como el Justin Timberlake de esta generación; creo que es una comparación bastante ilustrativa: Tanto Harry como Justin formaron parte de las boybands más relevantes de su época, lo cual les dio fama y exposición, pero supieron sacudirse de la etiqueta de “cantante de pop prefabricado” que el hecho de ser parte de ’N Sync y One Direction, respectivamente, implica de alguna manera. Ambos han logrado trascender a la boyband y han logrado hacer de ella una plataforma más que una jaula, y han podido mostrar su verdadero yo artístico y su evolución individual.

En el caso de Harry, el tufillo a producto prefabricado fue más fuerte, pues se hizo conocido por participar en uno de esos programas de televisión cazatalentos. En The X Factor, el músico se juntó con Liam Payne, Zayn Malik, Niall Horan y Louis Tomlinson para formar One Direction, la agrupación que sería apadrinada por Simon Cowell, quien tras finalizar el programa siguió apostando por ellos y consiguió que firmaran un contrato con su disquera Syco para el lanzamiento de su primer disco, a pesar de que la banda no resultó ganadora del reality. Por supuesto el ojo experto de Cowell no se equivocó: Up All Night (2011), la ópera prima de One Direction, debutó en el número uno de Billboard 200, lo que los convirtió en el primer grupo británico en lograrlo.

Luego vendrían cuatro álbumes más que los terminaron de catapultar al estrellato mundial y que los llevaron a girar por todo el mundo, antes de que, a finales del 2015, One Direction entrara en un receso indefinido del que jamás saldría. Empezaba a gestarse la era Styles.


Nace una estrella

Pocos meses después de iniciada aquella pausa, el músico abandonó la empresa que representaba a One Direction y fundó su propio sello discográfico, Erskine Records. Durante todo ese año, Styles estuvo macerando lo que sería su gran debut en solitario. Así, el 7 de abril del 2017 se lanzó “Sign of the Times”, su primer single, que a primera impresión parece recordar a las baladas de rock de principios de los noventa –con final triunfalista y todo, como de himno–, pero que en realidad tiene motivos melódicos y una producción en definitiva más acorde a este siglo. Aquello suena muy distinto de una canción de One Direction, como si se tuviera una necesidad imperiosa por marcar distancia de ese pasado. Pero el artista lo niega. “Cuando alguien sale de una banda, dice: ‘Ese no era yo’. ‘Me contuvieron’. ¡Pero ese sí fui yo! Y no siento que me hayan retenido en absoluto. Fue muy divertido. Si no lo hubiera disfrutado, no lo habría hecho”, contó a la Rolling Stones.

Con un video que cuenta con casi 600 millones de reproducciones en YouTube –y que ganó un Brit Award–, “Sign of the Times” fue elegida la mejor canción del año según la Rolling Stones y alcanzó mundialmente los primeros puestos de los rankings. Sin duda, otro gran comienzo.

Pero el 2017 sería un buen año para Harry en más de un sentido. Aprovechando el éxito de su primer single, el cantante lanzó su álbum debut un mes después. Y a partir de ahí, todo fue en ascenso: Además de aparecer en los programas de televisión más populares de Estados Unidos e Inglaterra –como Saturday Night Live y The Graham Norton Show–, debutó en la pantalla grande, nada menos que de la mano de Christopher Nolan, en Dunkerque, el drama bélico en el que interpretó a un soldado inglés llamado Alex.


Voz propia

El segundo álbum del británico, Fine Line, tiene un sonido mucho más consolidado –aunque Pitchfork así no lo crea–. Y eso se lo debe en gran medida a los músicos y productores de los que se ha rodeado, casi todos pertenecientes a la escena indie de Los Ángeles. Fine Line tiene de synth pop, de R&B y hasta de funk.

Harry ha madurado tremendamente; se nota. Pero sigue buscando. A pesar de los años que lleva en la industria de la música, mantiene la candidez y la dulzura de un niño con juguete nuevo. Es evidente que su capacidad de sorprenderse no solo está intacta, sino más desarrollada que nunca. Y este camino en solitario, en vez de hacerle perder fans, ha logrado ampliar el rango de edades de estos y volverlos más diversos.

En el artículo que acompaña la portada que el músico protagonizó para la edición de septiembre de la Rolling Stones, el periodista Rob Sheffield resalta la discreción y madurez con que se ha conducido Harry ante el estrellato y al hecho de haber crecido frente a cámaras. “En lugar de seguir la ruta habitual de la superestrella pop: productores en boga, duetos de celebridades, ritmos deslumbrantes de clubes, (Harry Styles) se ha ido por su propio camino y se ha vuelto más popular que nunca”. Y continúa describiendo esta aura sui géneris que rodea al artista. “¿Cómo llegó a este nuevo lugar?” –se pregunta– “Resulta que el viaje ha implicado algo de desamor. Cierta guía de David Bowie. Un poco de meditación trascendental. Y más que un puñado de hongos mágicos. Pero, sobre todo, se trata de un niño curioso que no puede decidir si ser la estrella pop más ardientemente adorada del mundo o un artista único. Entonces decide ser ambos”.

Esa dualidad de la que habla Sheffield también la expresa el músico a la hora de vestir. Harry Styles se siente cómodo llevando prendas genderless y exudando una sana dosis de androginia que no ha hecho más que sumar a su mística. Uñas pintadas, tacones o incluso un tutú: no hay prendas prohibidas ni parámetros castrantes en el armario del ídolo pop. Tampoco los hay en la forma en que expresa su sexualidad. Aunque novias ha tenido muchas –entre ellas Kendall Jenner, Taylor Swift y la modelo francesa Camille Rowe–, él decide jugar con la incertidumbre y se niega a encasillar sus preferencias sexuales. De hecho, hasta parece divertirse con que se especule sobre su supuesta bisexualidad. Al final de cuentas, la incógnita se convierte en expectativa. Es todo un chico moderno.


El estilo Styles

Harry siempre hace honor a su apellido. Sabe que todo entra por los ojos y que él no es la excepción. No en vano una firma de lujo como Gucci ha hecho de su cara bonita su imagen. Además, ser parte de la exclusiva lista de invitados de Anna Wintour a la Gala MET –y de paso ser su anfitrión– no es poca cosa si de moda y estilo se trata.

Otro logro simbólico lo obtuvo en noviembre, cuando fue host y a la vez dio un show en vivo en SNL, una labor doble a la que pocos han accedido. Su presentación fue tan comentada como esperada. Luego de ella, estoy segura de que muchos no nos pudimos sacar de la cabeza el pegajoso estribillo de su segundo single, “Watermelon Sugar”. Es parte del efecto Styles.

Este 2020 Harry volverá a Lima, pero sin One Direction, y podremos ser testigos in situ de su talento en constante evolución, de esa búsqueda artística personal que apenas ha iniciado. Nadie –ni él mismo– sabe adónde lo llevarán los caminos de la música, pero seguramente será a un lugar bueno: metafórica y literalmente hablando, la suya es una voz bella y honesta.

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