Por: Adriana Garavito / 05.04.2019

Es la nueva sensación de Netflix, pero ¿qué hay detrás de esta mujer que postula que la limpieza y la organización pueden limpiar el alma?

FOTO: KONMARI MEDIA

Aún no se han lanzado los números oficiales de Netflix, pero no se necesitan para asegurar que la serie Tidying Up with Marie Kondo ha sido uno de los éxitos más importantes de los primeros meses del año para la plataforma de streaming. La experta en organización es una menuda japonesa de 34 años que no pasa el metro cincuenta, y de pronto ha debido hacerle frente al frenesí de los medios y las redes sociales: entrevistas, reportajes, artículos, memes y, claro está, también críticas.

Pero antes de Netflix, Kondo ya llevaba tiempo organizando —siempre organizando— todo un imperio dedicado al orden. “Mi meta es ordenar el mundo”, dijo en una conferencia. Es autora de cuatro libros, pero fue el último, The Life-changing Magic of Tidying Up del 2011, que la pondría eventualmente en el mapa del mainstream. En su momento no lo promocionó mucho en Estados Unidos porque no es muy buena hablando inglés, pero unos años más tarde Penélope Green publicó una favorable crítica en The New York Times. El libro vendió 11 millones de copias en 40 países, permaneció en la lista de mejores vendidos en Estados Unidos durante 86 semanas y por si fuera poco, en el 2015, la revista Times consideró a Kondo una de las cien personas más influyentes del mundo. Una rockstar salida de las profundidades del cajón de medias.

Su pasión por el orden nació como una obsesión. De pequeña le encantaba leer las revistas de organización y decoración de su madre y en el colegio, mientras sus amigos la pasaban bien en el recreo, ella se quedaba en clase ordenando libros. Además, anhelaba cumplir 18 años solo para poder tener acceso a colecciones grandísimas de libros de organización en la Biblioteca Nacional de Japón. El día que finalmente los cumplió, se lo pasó allí, leyendo.

Querer todo bajo control le generó muchísimo estrés y una tarde colapsó. Se desmayó y se quedó inconsciente durante dos horas. En algunas entrevistas, cuando recuerda el episodio, cuenta que escuchó una voz que le dijo lo que estaba haciendo mal: le prestaba mucha atención a lo que tenía que botar, y no
a las cosas con las que se quería quedar. Todo cobró sentido y unió las piezas del rompecabezas.

Su madre le había enseñado a buscar la felicidad con la limpieza del alma bajo la perspectiva de la religión shinto, que dice que todos, incluso objetos sin vida, tienen kami, un espíritu que tiene que ser valorado y respetado. Kondo fue asistente de un sacerdote shinto durante casi cinco años. Lo especial de Kondo es que no limpia ni ordena por ganar más espacio físico. Lo hace porque considera importante que uno esté rodeado de objetos (y kami) que solo proporcionen buena energía.
Mientras estudiaba Sociología en la universidad sus amigos le pagaban para que organice sus casas. Empezó cobrando cien dólares por cinco horas de trabajo. Luego, la lista de espera llegó hasta los seis meses y decidió crear su propio método de orden llamado KonMari. Ella ya no hace consultorías por
falta de tiempo, pero tiene casi a 200 personas entrenadas por ella misma que están disponibles y que trabajan exactamente como ella.

El método y la chispa
Marie Kondo no organiza por cuartos, sino por categorías: ropa, libros, papeles, komono (misceláneos) y objetos sentimentales. Ojo que solo se puede pasar a una categoría si se termina con la anterior. Y para hacerlo, hay que seguir los patrones shinto. Como ella misma explica: “Quedarse con los objetos que prenden una chispa”. Así, les pide a sus clientes que quiten toda la ropa del clóset, cojan una a una, se concentren y sientan si es que esta los hace sentir bien. Si es así, la prenda se queda. Y si es que no, se le agradece a la prenda por todo el tiempo que estuvo y se deja, con mucho cuidado, a un lado. Es un ritual.

Una vez escogida la ropa es momento de doblarla. Ella recomienda que cada prenda se estire por completo, que luego se doblen los lados hacia el centro y después se doble un par de veces la ropa sobre sí misma. Al final deben quedar paquetitos que se coloquen en vertical, ya que así ocupan menos espacio
y es más fácil ver todo. Aconseja también agrupar la ropa por colores: los tonos más oscuros y pesados van a la izquierda, y los más claros y ligeros, a la derecha. Recomienda colgar solo lo imprescindible, ya que guardar prendas en cajones ocupa menos espacio, no apilando mucho para no olvidar lo que se
tiene. Por cierto, ella no guarda las medias hechas una bola, sino dobladas por parejas. Eso sí que es romper esquemas.

FOTO: NATSUNO ICHIGO

Así como millones de personas aman el método Konmari, hay quienes lo desacreditan. En Estados Unidos, por ejemplo, existe una organización de expertos del orden, la National Association of Professional Organizers, y la mayoría considera el método de Kondo inapropiado para Estados Unidos. Ante ello, Kondo sonríe y dice que en algo todos somos iguales: compramos muchos objetos para llenar vacíos. Otras críticas menos profesionales tienen que ver con el hecho de que poseer solo objetos “que le hablen a tu corazón” o entusiasmen tu vista y el resto de tus sentidos es extremadamente caro, y que no puede pasarse por alto que en nuestra vida existen cosas que simplemente necesitamos por razones prácticas.

En una entrevista, luego de escuchar a su traductora sobre el choque cultural, ella solo respondió muy tranquila: “Lo que yo comparto no le tiene que gustar a todos. Si mi método no genera una chispa, entonces no es bueno usarlo. Y está bien. Eso es lo importante: darse cuenta de qué nos hace bien”. Es difícil creer que exista tal cosa como una celebridad del orden, pero Marie Kondo lo es tanto que casi no tiene tiempo para su esposo (también socio) y sus dos hijas. Y es que, en un mundo tan caótico, mentes como la de ella son necesarias.

INSTAGRAM @MARIEKONDO

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